Roberto Peloni: “El poder transformador del teatro es a mi entender una posibilidad de ver y comprender el mundo”
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Entrevista a Roberto Peloni, actor de ‘El Brote’, una de las obras que disfrutaremos en el Festival del Sur – Encuentro Tres Continenes en el mes de octubre
¿Qué sensaciones tiene ante el estreno de ‘El Brote’ en este festival internacional señero dentro del circuito español con 39 años de historia?
Estoy muy feliz de poder participar y muy ansioso de disfrutar y conocer a su gente y compartir nuestra obra en este festival; una alegría inmensa.
En este festival se programa teatro de los tres continentes. ¿Qué dimensión otorga como creador y artista a la multiculturalidad y el mestizaje en estos tiempos en los que parecen replegarse las libertades con la ola de conservadurismo que se impone en medio mundo?
Creo que un evento de estas características tiene una relevancia tan extraordinaria que ni la tecnología ni las redes sociales pueden replicar. Yo, como público celebro poder ver teatro de distintos lugares del mundo. Me parece una oportunidad única, y como actor y creador por un lado me siento privilegiado de poder brindar lo nuestro y empaparnos de otras miradas, de otras posibilidades, de sentir y entender la vida humana. Y por el otro, es inspirador, nutritivo “te parte la cabeza”, como decimos en Argentina, en relación a algo que te expande o sobrepasa sensorial, mental y emocionalmente.
¿Cómo definiría la función o explicaría al público el montaje que irá a disfrutar al teatro?
‘El Brote’ es la historia de Beto, un actor que nunca obtiene los personajes a los que aspira y en su frustración deja de distinguir los límites entre la ficción y la realidad. ‘El Brote’ es un unipersonal donde, además de Beto, interpretó a todos los actores de la compañía de la que él forma parte desde hace muchos años, también a su director, y a todos los personajes que cada uno de los actores o actrices del elenco va interpretando en los distintos montajes de las distintas obras.
¿Cómo se explica el notable éxito de un montaje como ‘El Brote’? ¿En dónde radica el secreto?
Desde su estreno en febrero del 2023 llevamos representadas más de 300 funciones en Buenos Aires ininterrumpidamente, y en ciudades como Estocolmo, Nueva York, Chicago, Madrid, Valladolid, Valencia, Barcelona, Olite, San Sebastián y Badajoz, así como en distintos países de América Latina como Colombia, Chile, Ecuador, Bolivia, Costa Rica Panamá, Brasil, Chile Uruguay y en provincias de nuestro país. En todas se produce un encuentro con el público muy desbordante, tanto para los amantes del teatro como para los que no son tan cercanos a las artes escénicas, ya que el personaje, mientras actúa, explica lo que actúa y también opina. Creo que la universalidad del tema que aborda lo hace cercano a cualquier persona y propone una experiencia muy activa y vívida para el espectador.
¿Cómo cree que está resuelto o cómo percibe el público ese diálogo que propone el montaje con la tradición, pero desde una mirada contemporánea?
El juego que plantea Emiliano Dionisi, autor de la obra, expone los trucos y desnuda el artificio hasta el punto de dejar a la vista toda la acrobacia del actor desarrollando su oficio. Como decía anteriormente, el personaje explica y opina sobre lo que va llevando adelante. La convención es dada por los elementos mínimos básicos del teatro: la narración y representación sostenida por los mínimos, pero elementales recursos.
¿Cómo se entrena un actor, tanto física como mentalmente, para sostener un montaje de carácter unipersonal con semejante nivel de intensidad y mutación constante durante toda la función?
El cuidado y el entrenamiento para estar en condiciones de afrontar el desafío que plantea este espectáculo en particular es bastante estricto: entrenamiento, descanso y alimentación adecuada son indispensables, ya que necesito de una disponibilidad absoluta de mi cuerpo, de mi voz y estar emocionalmente y mentalmente abierto para sostener los 90 minutos que son casi aeróbicos.
El personaje principal se desdibuja entre la realidad y la ficción de los textos clásicos. ¿Cuál fue el mayor reto a la hora de fragmentar su propia voz para dar vida a los múltiples roles e impulsos que conviven dentro de este protagonista?
La disponibilidad para poder representar distintas voces de los distintos personajes en términos técnicos, además de contar con la salud vocal y la agilidad para poder entrar y salir o girar bruscamente entre una situación a otra, también son parte de mantenerse entrenado para provocar la sorpresa o lo inesperado. Delimitar concretamente a cada personaje para que rápidamente pueda ser reconocible.
La obra roza con intensidad la locura y el desborde emocional. ¿Cómo gestionó esa vorágine que a buen seguro le atrapó interiormente como persona al comienzo y que ahora es posible que ya domine con el paso del tiempo?
Dentro de esa diferenciación, lo emocional y las distintas intensidades también son parte de la economía actoral. Desde los ensayos el manejo de la energía y el ritmo también han sido ocupaciones primordiales, ya que en la partitura general del espectáculo entendemos que hay varios pasajes y momentos que tienen su melodía, su tempo particular para que en la totalidad suene la obra completa. Esta obra tiene picos de intensidad, pero también momentos poéticos, grandes textos del teatro clásico que para que resuenen necesita de acumular y acopiar muchas otras intensidades, para que ello llegue con la mayor humanidad posible.
El montaje plantea una cuestión compleja: ¿Qué lugar ocupamos dentro del relato de nuestra propia vida? ¿Si tuviera que contestar a esta cuestión cuál diría que es ese lugar que ocupamos?
Creo que a través de cómo percibimos nuestro entorno y en cómo comprendemos nuestra realidad son varios, y ocupamos muchos roles o lugares distintos. En cada rol que desempeñamos en nuestra sociedad, en nuestra familia, con nuestros amigos o en el trabajo, somos jefes, pero también somos pacientes, somos padres y somos hijos y depende de cómo nos contemos el cuento reaccionaremos de una u otra manera.
También el montaje se refiere al poder transformador del teatro. ¿Cuál cree Peloni que es a la hora de transformar la sociedad y al individuo?
El poder transformador del teatro es a mi entender una posibilidad de ver y comprender el mundo. De compartir problemáticas humanas, de encontrarnos como individuos en el hecho colectivo de compartir una experiencia. En mi caso particular el teatro apareció desde la adolescencia y me regaló un oficio y un modo de ver y entender el mundo.
Hábleme de esa dupla que conforma con Emiliano Dionisi en esta producción. ¿Cómo fue el proceso de decodificación del texto y qué le ha exigido como director?
En este trabajo que emprendimos con Emiliano que nos llevó alrededor de casi un año de ensayos, me dio la obra totalmente escrita y cuando la leí, sabía que era la obra con la que soñaba toda mi vida. Me propuse estudiar y llegar a cada ensayo con la letra sabida para poder trabajar a conciencia. El texto era el primer obstáculo, así que en principio me lance de lleno al estudio y luego fuimos probando con absoluta libertad, nos permitimos ir y venir, quitar y reemplazar escenas hasta llegar al resultado deseado. El trabajo con la escenógrafa Micaela Sleigh y la iluminadora Agnese Losupone también fueron indispensables en el proceso que terminó de delinear cada elemento estético. Lo mismo con el diseño sonoro de Martín Rodríguez, e incluso Sebastian Ezcurra en la producción artística, donde fuimos orgánicamente encontrando incluso la sala acorde para su estreno en el Teatro del Pueblo, sala emblemática del teatro independiente argentino.
¿Se han permitido en este proceso un espacio para la improvisación o acaso ciertas dosis de libertad para sus propuestas personales?
Desde el punto de vista del texto ya estaba construido al momento de comenzar los ensayos, pero el abordaje fue tan libre como personal, nos permitimos jugar e ir y venir como se nos daba la necesidad de cada encuentro.
El protagonista de la obra encarna las frustraciones, las envidias y el amor tóxico por el teatro. ¿Qué tanto de los propios fantasmas, miedos o vivencias del Roberto Peloni actor se colaron en la construcción de esta mirada tan descarnada sobre el oficio?
El personaje de la obra camina por senderos que cualquier actor y director de oficio transita desde casi el comienzo de su carrera. Emiliano colocó ese sendero en un precipicio. Le puso la lupa a nuestros pequeños fantasmas para convertirlos en verdaderos monstruos. Los bordes donde camina el personaje son muy reconocibles y capaces de transformarse en tragedia por un simple error.
Me imagino a Peloni solo en el escenario ante el público en este monólogo, cual portero ante el delantero dispuesto a chutar un penalti. ¿Esa soledad y responsabilidad cómo se asume y cómo le alimenta como actor?
Aunque no soy muy futbolero siempre digo que siento cada función como la final de la Copa del Mundo. El desafío es enorme, pero siempre emerge la obra y logra envolverme a mí y al público.
¿En dónde cree que radica la capacidad que ha demostrado el teatro argentino para convertirse en todo un referente cultural en el teatro contemporáneo de habla hispana, con una reputada escuela de actores y actrices que son reclamados tanto en el cine como en los escenarios teatrales?

La verdad es que el reconocimiento que recibimos siempre sobre nuestro teatro y nuestros actores es muy halagador. Nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestras crisis… Creo que en Argentina hay un «hambre» y estamos de alguna manera preparados para que las cosas sean de un modo o que también pueda ser todo lo contrario, nuestra ambigüedad y nuestro «lo atamos con alambre» nos hace particulares.
¿Qué cosas le producen actualmente episodios de brote a Peloni?
Me considero un hombre tranquilo y estable, pero la injusticia y la falta de respeto son actitudes que me pueden sacar de las casillas.
¿Cómo contemplan la situación política y social que vive Argentina con el gobierno conservador de Javier Milei que se define a sí mismo como anarcocapitalista?
La situación política se ha complejizado y a la vez creo que se ha degradado en Argentina y en el Mundo. Me preocupa la violencia de los discursos tanto en Argentina como a nivel global. Estamos todos como bajo amenaza. La economía, la guerra, las fake news, la corrupción y la post verdad a la orden del día. En Argentina creo que se ha desgastado en credibilidad política, en sus periodistas y en la justicia. La polarización parece ser la estrategia, las grietas sociales y el fanatismo no llevan nunca a buen puerto.
¿Su motosierra no los ha alcanzado como trabajadores de la cultura?
Ya el concepto de motosierra no le puede dar tranquilidad a nadie. Los recortes en Cultura son notables y el avasallamiento de entes culturales que están en constante lucha están a la orden del día. Tenemos una inmensa cartelera teatral, pero son muy pocos en comparación los actores y artistas que pueden vivir de la profesión y tener continuidad laboral. Donde todo tiende a que gane el más fuerte y que se salve el que pueda, atenta siempre a lo colectivo. En ese contexto seguir haciendo teatro como hace 400 años es casi el único acto de rebeldía.



