‘Sobremesa’, las distintas miradas de tres dramaturgas a un mismo conflicto
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Irma Correa, Ruth Sánchez y Gemma Quintana son las autoras del texto del montaje que dirige Mario Vega que se presenta el día 22 en el Teatro Cruce de Culturas del Cruce de Arinaga
El último montaje escénico producido en el marco del proyecto Laboratorio Galdós internacional, ‘Sobremesa’, se presenta en el marco de la 39º edición del Festival del Sur-Encuentro Teatral Tres Continente el día 22 de octubre, en una única función que tendrá lugar a las 21:00 horas, en el Teatro Cruce de Culturas del Cruce de Arinaga.
Tres dramaturgas de sensibilidades distintas, Irma Correa, Gemma Quintana y Ruth Sánchez, son las autoras del texto que interpretan los actores canarios Marta Viera, Saray Castro y Rubén Darío y la argentina Griselda Ponce.
‘Sobremesa’, que dirige el canario Mario Vega, expone en pocos más de una hora los calambres latentes e inconfesables que atraviesan a los miembros de una familia en el transcurso de una accidentada cena de Nochebuena. La exhumación de los íntimos traumas se consuma alrededor de langostinos, el lechón asado, el cava y el turrón, mientras retumba en el salón de la vivienda el discurso del rey pronunciado en el año 2001, espacio temporal en el que sitúa el montaje. Ajustar cuentas con el pasado perturbador nunca ha sido fácil.

Irma Correa (Premio Max al Espectáculo Revelación por ‘Desde lo invisible’) que trabaja ahora en el proyecto de su primer largometraje y su primera serie autoral, recibió el encargo de escribir a varios manos la dramaturgia de la mencionada pieza teatral partiendo de una premisa que involucraba a unos personajes, un espacio y un tiempo determinado. “A partir de ahí empezamos a construir el puzzle paso a paso, proponiendo una lluvia de ideas con propuestas de todo tipo, abrazando de manera orgánica aquello que nos gustaba y desechando aquello que, o bien no nos encajaba, o no terminaba de funcionar por distintas razones”. Gemma Quintana, cuya adaptación libre del cuento de Michael Ende, ‘Cazopera’, lleva más de dos años girando por Canarias, añade que, a partir de las premisas de partida, entre las tres pudieron “generar un territorio de investigación que pusimos en común hasta compartir hallazgos dentro un proceso de trabajo que nos permitía avanzar con nuestras ideas y acompañar toda la creación. Para articular este proceso hemos compartido un mismo trabajo de documentación previa: una definición de personajes compartida, del espacio y el tiempo, situaciones… Esto ha sedimentado el espacio común de sensaciones, tonos y atmósferas de ‘Sobremesa’.
Proceso fascinante
Por su parte, Ruth Sánchez, que ya ha había escrito con anterioridad junto a Mario Vega ‘Las bodas del Fígaro’, ‘Bar La Resistencia’ y ‘SAHARA. La barca del desierto’, confiesa que el proceso ha sido tan vertiginoso y fascinante como alentador. “Durante varios meses tuvimos reuniones online donde fuimos concretando las situaciones, los conflictos, las tramas, definiendo a los personajes, qué escribía cada una… A medida que íbamos teniendo material escrito lo poníamos en común: pusimos aquí, quitamos allá… Nos robamos cosas, intercambiamos otras. Fue una parte muy divertida y motivadora del proceso de escritura”, comenta Sánchez.

La también actriz asegura que el texto de ‘Sobremesa’ inevitablemente se ha ido transformado con la irrupción en el proceso de la figura y la mirada de Mario Vega o de los propios actores. “El texto en papel es como una partitura; la música empieza a sonar cuando entran el director y el elenco. Trabajar con Mario Vega es siempre un proceso de deconstrucción y crecimiento; él tiene una capacidad enorme de desapego y yo eso lo tuve muy presente a la hora de escribir. Quiero decir que sabía que tenía que ser directa en la búsqueda de conflictos, dejar claras las estrategias de los personajes, los momentos de tensión dramática… Pero el papel lo aguanta todo. Cuando llegas a la sala de ensayos el texto, inevitablemente, cambia. Mario siempre busca que el texto tenga ritmo y sea directo, que esté bien afilado”, sostiene.
En la misma línea se manifiesta Gemma Quintana. “Mario Vega ha estado todo el tiempo orientando la escritura. Su mirada sobre los textos que van surgiendo es fundamental: recoge lo que le propones y va arrojando luz a los espacios que le van inspirando y le generan ideas desde la dirección. Esto es parte intrínseca del proyecto Laboratorio Galdós. Saber cómo quiere plantear la parte espacial y técnica, o, que también sucede, dejarse afectar por cómo la escritura le permite orquestar los elementos. Los actores lo son todo. Cuando encarnan las palabras, y todo lo demás debajo del texto, es cuando empiezas a conocer a los personajes de verdad. Por eso la escritura sigue armándose durante los ensayos. Es como completar una alquimia, que tiene mucho de intuición, respiración, latido…”, admite la dramaturga, autora del libro ‘El teatro por dentro’, que nos permite conocer el teatro como espacio de creación en compañía, así como su historia a lo largo de más de dos mil años.
Irma Correa no se considera celosa de sus textos intentando mantenerlos siempre intocables y alejados de los experimentos ajenos, incluidos los de los directores, por más extraordinarios que sean. “En absoluto. Siempre he trabajado a pie de escenario y he colaborado no solo con los directores y directoras, actrices y actores, sino con el resto de los profesionales. Una función la concibo como un trabajo en equipo, la hacemos entre todos, siempre he sentido que tenía que ser así, desde que empecé a estudiar en la RESAD, y así me he mantenido”. En el caso de Quintana expone que “nunca he escrito una obra al margen de un proyecto. Siempre que me he lanzado a escribir es porque he formado parte de un equipo en el que sentía que encajaba. Por tanto, mi aportación era, es, solo una parte de un proceso artístico en compañía. Decía Peter Brook que lo mágico de hacer teatro es que la obra se crea con múltiples artistas, que son «un cerebro compartido». Estoy de acuerdo con ello”.
Para Ruth Sánchez, “disfrutar tan cerquita cómo los actores y actrices hacen suyas las palabras que una ha escrito es un privilegio enorme. Una actriz o un actor, con una sola mirada o con un silencio, puede hacer que tres líneas de texto dejen de ser necesarias. El texto se vuelve más vivo, más concreto y, sobre todo, más orgánico. Deja de ser tuyo para ser nuestro. ¡Otro regalo!”, conviene Sánchez.
No es fácil definir las miradas dramatúrgicas de cada una de las tres. Irma Correa la define como “curiosa, empática y evolutiva”, mientras que Sánchez, curiosamente, coincide con Correa al definirla también como “empática y curiosa”, cualidades a la que añade “el punto ácido que suma a la estética de la escritura. Busco los claroscuros, porque nadie es completamente bueno ni completamente malo. Qué callan los personajes, cuáles pueden ser sus contradicciones, el humor que surge en medio una tragedia o cómo las grandes estructuras políticas o históricas terminan aplastando o moldeando nuestras vidas privadas, nuestros discursos, nuestra manera de pensar, de relacionarnos, de ser, de estar”, agrega.

En cambio, Gemma Quintana detalla que su mirada dramatúrgica está en construcción continua. “A la dramaturgia me acerco desde la curiosidad, para tratar de entender cómo funciona en ese encuentro obra-espectador. El teatro es pura resistencia. Un lugar donde nos seguimos encontrando para compartir historias, en presente, para que nos remuevan, nos sacudan, nos conmuevan. Hoy, en la era de la ultra conexión desconectada, pura resistencia”.



